La Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas de la Universidad de Chile rindió el pasado jueves 22 de enero un emotivo homenaje en vida al profesor Jaime Sapag-Hagar. En una emotiva ceremonia, se oficializó el nuevo nombre del Laboratorio de Procesamiento Industrial, que desde hoy llevará el nombre de este destacado académico.
La ceremonia realizada en el Patio Universitario Griselda Hinojosa contó con la presencia del decano profesor Pablo Richter, la vicedecana profesora Paz Robert, la directora del Departamento de Ciencia de los Alimentos y Tecnología Química profesora María Angélica Larraín y la directora de Extensión y Vinculación (s) profesora Betsabet Sepúlveda. Asimismo, asistieron directivos, académicos, personal de colaboración, tesistas y familiares del homenajeado.
Un acto de memoria histórica
El decano, profesor Pablo Richter, subrayó la relevancia de este reconocimiento: “Revelamos hoy una placa que nomina este espacio como el 'Laboratorio de Procesamiento Industrial Profesor Jaime Sapag-Hagar'. Es un acto de justicia y memoria histórica que nos permite relevar a nuestros próceres”.
El profesor Richter destacó que la trayectoria de Sapag-Hagar encarna el concepto más amplio de academia, habiendo formado a múltiples generaciones en el ámbito de las operaciones unitarias y liderado un área de investigación en el Departamento de Ciencia de los Alimentos y Tecnología Química que hoy goza de plena madurez. “Más allá de sus contribuciones científicas, destaca su calidad humana y su amor incondicional por esta institución”, añadió.
Forjado en el rigor y la vocación
La semblanza biográfica estuvo a cargo del profesor Fernando Valenzuela, académico del Departamento de Ciencia de los Alimentos y Tecnología Química, y destacado colaborador del profesor Sapag, quien recordó los orígenes de don Jaime en San Antonio (1935), en el seno de una familia de inmigrantes sirios de quienes heredó la cultura del esfuerzo. Su historia es inseparable de la de su hermano gemelo, el fallecido exdecano y vicerrector de Asuntos Académicos Mario Sapag-Hagar (Q.E.P.D.)
Titulado en 1957 como químico farmacéutico, Jaime Sapag-Hagar encontró su verdadera vocación en los procesos industriales. Se integró al antiguo Laboratorio de Química Industrial en la histórica sede de Vicuña Mackenna 20, convirtiéndose en el colaborador más estrecho del recordado profesor Arnaldo Croxatto.
Bajo su impulso, el laboratorio evolucionó hacia las operaciones unitarias, reflejando mejor la intersección entre la tecnología y la ingeniería química. Valenzuela recordó con nostalgia: “Recordar al profesor Sapag es evocar los pasillos de Vicuña Mackenna 20; él siempre apurado, con su delantal azul y su puntero de madera, siendo el motor de aquel espacio”.
“Mientras otros se enfocaban en la escala microscópica, el profesor Sapag puso su mirada en los reactores, calderas y evaporadores. Comprendió que el conocimiento científico debía materializarse en procesos industriales para impulsar las industrias farmacéutica, química y alimentaria del país”, complementó.
La huella del profesor se mide en cifras e hitos imponentes:
- Más de 55 años dedicados a la docencia universitaria.
- Formación de más de 7.000 estudiantes y profesionales.
- Liderazgo en proyectos FONDECYT y FONDEF.
- Elegido múltiples veces como "Mejor Profesor" por votación directa de sus estudiantes.
El profesor Valenzuela compartió un testimonio personal sobre la intuición de don Jaime, quien en los años 70 lo instó a orientar su investigación hacia la minería: “Esa recomendación definió mi vida académica. Don Jaime tiene el don de ver en sus discípulos competencias que nosotros mismos aún no descubrimos”.
Por su parte, la profesora María Angélica Larraín, directora del Departamento de Ciencia de los Alimentos, manifestó que el profesor Sapag-Hagar “ha ganado un lugar destacado en el corazón de todos nosotros. Es un privilegio y orgullo haberlo conocido, haber sido su estudiante y haber trabajado con él en el mismo departamento”.
Un reencuentro con la historia
El momento de mayor emoción se vivió cuando su hija, Dobrila Sapag, lo acompañó en un cálido abrazo. “Siento una gratitud enorme. Para mi padre es muy significativo ver su placa al lado de la de su gran maestro, Arnaldo Croxatto. Todo ha tenido sentido al verlo reconocer a sus alumnos y tesistas; nuestra casa siempre estuvo llena de ellos, postergando incluso vacaciones familiares por su vínculo con sus estudiantes”, confesó.
Con este homenaje, la Universidad de Chile no solo nombra un espacio físico, sino que asegura que la ética de trabajo, la sencillez y la excelencia del profesor Jaime Sapag-Hagar sigan guiando a las futuras generaciones de científicos y profesionales del país desde la memoria institucional.
