En el marco de las XXXV Jornadas Chilenas de Química en Concepción, la comunidad científica nacional rindió un emotivo homenaje a la profesora Evgenia Spodine. Académica de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas de la Universidad de Chile, adscrita al Departamento de Química Inorgánica y Analítica, fue reconocida por su vasta trayectoria y sus invaluables contribuciones a la disciplina.
Actualmente, la profesora Spodine continúa su labor en calidad ad honorem, un gesto que refleja su inagotable compromiso con la investigación y la docencia, manteniendo una presencia activa en la Facultad que la vio formarse.
"Fue una sorpresa y, obviamente, me siento honrada porque la elección es a nivel nacional. El mundo académico es competitivo y existen muchos currículos destacados", comenta al recordar la distinción otorgada en enero de este año por la Sociedad Chilena de Química (SCHQ).
Una historia de resiliencia y políglota por destino
La historia de la profesora Spodine es, en sí misma, un relato de la historia del siglo XX. Hija de un matrimonio ruso exiliado en Francia tras la Revolución —Nicolás Spodine y Alexandra Spiridonova—, Evgenia nació en París. Creció inmersa en una riqueza cultural que le permitió dominar el ruso, francés, inglés y castellano. "La vida me enseñó todos esos idiomas", reflexiona con naturalidad.
Su llegada a Chile en 1947, a los cinco años, no estuvo exenta de desafíos. Su padre, un ingeniero químico experto en petróleo y excombatiente monarquista, eligió Chile como refugio ante la amenaza de repatriación forzosa a la Unión Soviética. Pese a su alta formación, la necesidad de mantener su identidad nacional lo llevó a abrir un almacén de barrio para sustentar a su familia. La química, sin embargo, corría por las venas de Evgenia: su madre también era licenciada en la materia, aunque ninguno de los dos pudo ejercerla en su nuevo hogar por su condición de inmigrantes.
Pionera en las aulas de la Universidad de Chile
Su ingreso a la educación superior marcó un hito: formó parte de la primera generación de la carrera de Química en la Universidad de Chile en 1960. En una época de currículos en formación y espacios compartidos con Geología e Ingeniería, Evgenia navegó un mundo donde las mujeres eran una absoluta minoría.
Recuerda con especial afecto a sus mentores, como el profesor Eduardo Schalscha, quien no solo le enseñó ciencia, sino que le brindó consejos de vida en una época donde los prejuicios de género aún eran evidentes en las entrevistas de admisión. Fue con el profesor Mario Ojeda con quien se inició en el análisis instrumental, descubriendo su vocación por la investigación y el manejo de equipos científicos.
Un lugar en la historia científica nacional
Este legado de perseverancia la ha llevado hoy a ser seleccionada para el proyecto "Tabla Periódica de Mujeres Científicas de Chile" de la Biblioteca del Congreso Nacional. Esta iniciativa busca visibilizar el aporte femenino y reducir las brechas de género en áreas STEM. La muestra será inaugurada el próximo miércoles 11 de febrero, en el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.
"Estoy feliz y contenta; estoy cerrando mi carrera académica y este es un excelente broche de oro", reconoce la profesora, quien fue además la primera presidenta de la División de Química Inorgánica de la SCHQ, entidad que hoy cumple 40 años.
El compromiso con el futuro
A pesar de su extensa trayectoria, la profesora Spodine no detiene su marcha. Sigue dirigiendo tesis, participando en exámenes y liderando investigaciones sobre los lantánidos, elementos que considera estratégicos para el desarrollo futuro de Chile. "Ojalá nuestro país advierta su importancia; tenemos recursos que poseen un potencial de desarrollo similar al de la industria del cobre o del litio", advierte.
Durante su charla magistral en las Jornadas, compartió con los estudiantes una anécdota personal para alentar la persistencia: sus inicios no fueron perfectos y llegó a reprobar Química Inorgánica en primer año. "Y bueno, aquí estoy, hablándoles de química después de toda una vida", relata sonriendo.
Al cerrar su semblanza, Evgenia Spodine vuelve la vista atrás para agradecer a su familia y a los maestros que la forjaron: Pedro Furman, Mario Caiozzi, Eduardo Schalscha y Sergio Bunel. Su vida es el testimonio de cómo la disciplina, el respeto por el conocimiento y la resiliencia pueden transformar una historia de exilio en un pilar fundamental de la ciencia chilena.
