Catalina Landeta Salgado nació en la ciudad de Quito, Ecuador. Recientemente ha ganado un concurso público para incorporarse como académica en la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas de la Universidad de Chile, en específico al Departamento de Ciencia de los Alimentos y Tecnología Química.
“Formar parte de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas de la Universidad de Chile representa una enorme responsabilidad y, al mismo tiempo, una oportunidad altamente significativa en mi carrera académica. Esta Facultad no solo es referente nacional e internacional en investigación, innovación y formación de excelencia, sino que también promueve un enfoque interdisciplinario, que valoro profundamente, especialmente en áreas como la tecnología de alimentos, la microbiología aplicada y la ciencia de ingredientes funcionales, que son el núcleo de mi línea de investigación”, explica.
“Ser parte de esta comunidad académica me permitiría contribuir activamente al fortalecimiento de la investigación científica desde una mirada innovadora y sostenible, así como formar y motivar a futuras generaciones de profesionales comprometidos con los desafíos del país. Además, valoro profundamente el compromiso de la Universidad con la equidad, la calidad de la docencia y la vinculación con el entorno, aspectos con los que me identifico y que guían tanto mi quehacer académico como mis proyectos de innovación biotecnológica”, agrega la académica.
La profesora Landeta es bióloga, con estudios de pregrado en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Posteriormente, realizó dos programas de magíster: uno en Ingeniería en Energías Renovables con mención en Biomasa en la Pontificia Universidad Católica de Chile, y otro en Auditoría y Gestión Ambiental en la Universidad Politécnica de Cataluña, España.
También es doctora en Ciencias de la Ingeniería, con mención en Ingeniería Química y Biotecnología, por la Universidad de Chile en el año 2020. “A lo largo de mi trayectoria, he desarrollado una línea de investigación en microbiología aplicada y bioprocesos. Además, de mi formación académica, cuento con más de una década de experiencia liderando proyectos de investigación e innovación biotecnológica, tanto en el ámbito académico como en emprendimientos de base científico-tecnológica”, detalla.
“Durante mis estudios de postgrado, y en particular en el Doctorado en Ciencias de la Ingeniería en la Universidad de Chile, descubrí la importancia de articular los conceptos científicos con los principios de la ingeniería para desarrollar soluciones inspiradas en la naturaleza que aporten al bienestar social y ambiental. Esta etapa fue clave para consolidar mi vocación investigadora, y también para reafirmar mi compromiso con la formación de profesionales capaces de generar impacto desde la ciencia aplicada”, relata.
“He tenido la oportunidad de dictar cursos vinculados a la microbiología aplicada, fermentación, biotecnología y transferencia tecnológica en universidades de excelencia tanto en Chile como en Ecuador, además de involucrarme activamente en la formación de estudiantes. Para mí, la docencia es también una forma de aprendizaje continuo: una oportunidad para transferir conocimiento, despertar vocaciones y formar profesionales críticos, creativos y comprometidos con los desafíos tecnológicos, sociales y ambientales de nuestra época”, recalca.
Pasión por la investigación
Su interés por la investigación nació muy temprano en su carrera, cuando en Ecuador participó como investigadora en un proyecto sobre fermentaciones ancestrales. “Trabajamos con levaduras milenarias para reproducir bebidas alcohólicas de la cultura preincaica. Esa experiencia marcó profundamente mi trayectoria y despertó en mí una profunda curiosidad por los microorganismos y su enorme potencial biotecnológico. Desde entonces, me he enfocado en estudiar cómo utilizar hongos y levaduras para valorizar subproductos agrícolas y marinos, transformándolos en alimentos funcionales, energía y materiales sostenibles”, sostiene.
Su línea de investigación se enfoca en la valorización biotecnológica de biomasa infravalorada, como residuos agroindustriales y recursos marinos, mediante el uso de procesos de fermentación con hongos alimenticios, junto con diseños de precisión. En particular, la profesora Landeta ha trabajado extensamente con algas marinas como el cochayuyo (Durvillaea spp.), y el huiro (Macrocystis) desarrollando bioprocesos innovadores para transformar esta biomasa en proteínas alternativas y compuestos funcionales. Su enfoque combina herramientas de microbiología aplicada, ingeniería de bioprocesos, proteómica, y metabolómica, entre otros, con el objetivo de generar alimentos funcionales de nueva generación alineados con los principios de sustentabilidad, nutrición avanzada y economía circular.
“Mi expectativa principal es contribuir activamente al fortalecimiento de la docencia, investigación, y la vinculación con el medio desde una mirada innovadora, sustentable y con enfoque de género. Aspiro a consolidar una línea de investigación en biotecnología de alimentos que aborde desafíos reales, como la producción de ingredientes funcionales y proteínas alternativas para una alimentación saludable y sostenible, contribuyendo a enfrentar uno de los problemas más urgentes de nuestra sociedad: alimentar de forma responsable a una población en crecimiento”, refuerza.
Además, la investigadora espera poder formar ingenieras e ingenieros en Alimentos con una visión crítica, interdisciplinaria e innovadora, que integren una sólida base científica con aplicaciones prácticas de alto impacto en la industria, la salud y el medioambiente. “Como mujer científica y emprendedora tecnológica, deseo también aportar a la construcción de espacios inclusivos dentro de la academia, donde niñas y jóvenes encuentren referentes y caminos que las impulsen a desarrollar sus propios proyectos profesionales y tecnológicos”, puntualiza.
“Desde esta mirada, también considero que es momento de repensar el alcance de la ciencia de los alimentos. Aunque tradicionalmente se ha enfocado en la calidad y seguridad alimentaria —aspectos fundamentales—, hoy se requiere un enfoque más amplio y holístico, que incorpore dimensiones como la sostenibilidad, la seguridad alimentaria, la nutrición y la salud pública. Para ello, es necesario fomentar la colaboración interdisciplinaria y abrir espacio a nuevas formas de abordar el desarrollo de alimentos desde una perspectiva más integral. Solo así podremos generar soluciones verdaderamente innovadoras y sostenibles para los desafíos globales actuales”, reflexiona.